Una preocupación
constante entre los docentes de todos los niveles educativos –y que
les trae más de un dolor de cabeza– son las dificultades de los chicos y los
jóvenes para producir textos escritos. Lograr la internalización de
convenciones discursivas, amplitud del lenguaje expresivo e incorporación de
las reglas ortográficas son asuntos que están en el menú de cualquier aula, y
aparecen recurrentemente en los catárticos lamentos dentro de la sala de
profesores.
Actualmente maestros y profesores enseñan a alumnos que
cotidianamente manipulan herramientas informáticas con las que están muy
familiarizados: SMS, chat, Twitter, e-mail, Facebook, blogs y fotologs, etc., y
con las que producen textos, y desarrollan nuevos modos y prácticas de
escritura.
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